Pláticas de reggae en la casa del Antidoping

Cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional apareció en México, esta banda de reggae ya se llamaba Antidoping y ya experimentaba con los sonidos y la lírica, por lo que, en el sentido estricto, no llegaron a escena inspirados en los ideales zapatistas, aunque sí les repercutió.

“Nos sentimos identificados porque de alguna manera hacíamos nuestras cosas de forma autogestiva, a lo mejor sin tener contacto con los zapatistas”. Antidoping, como muchas otras bandas en México y el mundo, compartían los ideales de ese grupo que reivindicaba los derechos de los pueblos indígenas. Pedro y Manuel, los hermanos Apodaca, quienes gestaron la idea de crear reggae y reunieron a sus compañeros de la Escuela Superior de Música, especifican que les tocó vivir ese momento histórico y quizás los ligan a éste por el disco que grabaron tiempo después: Fuera el ejército de Chiapas.

 

Nos sentimos identificados porque de alguna manera hacíamos nuestras cosas de forma autogestiva, a lo mejor sin tener contacto con los zapatistas

 

A la par que surgía el EZLN, “comenzaron a hacerse muchas cosas en el ámbito cultural. Esa coyuntura propició que grupos como nosotros se organizaron en festivales en apoyo a los zapatistas”, cuenta Pedro. Un beneficio porque emergió “como una vitrina que estaba digamos como oculta, opaca. Por las situaciones políticas en que estábamos en ese entonces”.

Adalid, el bajista, recuerda que en ese tiempo estudiaba la prepa y el ska era la música de moda entre los jóvenes, por lo que ese género musical se vio influenciado. Tiempo después, rememora Jacobo, el vocalista, “nos tocó estar en San Cristóbal de las Casas y conocer a una persona que estaba involucrada en el movimiento”. Así enfatiza que durante mucho tiempo estuvieron ligados al movimiento, apoyando en festivales y distintas actividades en pro de los zapatistas.

El entonces subcomandante Marcos, llegó a responder a principios de la rebelión que no buscaban el poder: ¿La toma del poder? No, apenas algo más difícil: un mundo nuevo. Antidoping hoy se sigue identificando con ese ideal. Ese mundo con el que sueñan es uno de paz, de respeto y armonía. Un mundo, dice Juan Pablo, el tecladista, “donde pueda hacer música y no tenga que preocuparme por buscar un trabajo, sino que mi trabajo sea hacer música”. Vivir en un mundo de equidad, agrega Ángel, el guitarrista, “de tolerancia”.

 

Imagínate las bandas que apenas están comenzando, que no pueden ni probar audio

 

Las más de dos décadas de experiencia. El ser una de las bandas pioneras del reggae en México, incluso ser considerada una banda de culto, como menciona Adalid, es muy significativo en sus vidas, pero no les aporta un valor agregado en el trato que reciben de algunas productoras de eventos, donde no se les permite tocar en las mismas condiciones que algunos grupos extranjeros, nos cuenta Jacobo.

Más allá de si el público mexicano prefiere el reggae hecho en el extranjero y aunque no se pueda “negar este pinche pedo de malinchismo, que no es solamente en la música”, como nos recuerda Ángel; para Antidoping el asunto en sí es con las producciones que no les dejan competir en igualdad de condiciones.

“Imagínate las bandas que apenas están comenzando, que no pueden ni probar audio, no los dejan ni montar sus cosas. Incluso a nosotros, hay veces que las producciones, si traen otra banda de fuera, nosotros tenemos que tocar abajo de ellos, en el mismo escenario, pero con otra batería… hasta con otros micrófonos”, profundiza Jacobo para aclarar que lo importante para él es esa discriminación.

Por eso ser pioneros del reggae no inhibe que algunas productoras en México no los respeten como tal, “nos ha tocado presentarnos en Estados Unidos, compartiendo escenario con las mismas bandas con las que tocamos aquí y todas estas cuestiones sí las respetan, respetan al mismo nivel”, aunque también en México hay donde sí hay un trato igualitario y lo reconocen: “por ejemplo en Guadalajara, en el Heart Beat Festival, respetadísimo todo, desde la primer banda que abre hasta la última: todos tienen derecho a hacer pruebas. Todos cuidan la producción”.

 

La música del Antidoping

Daniel Cordero, saxofonista de Antidoping.

 

Los visitamos en la ‘casa del Antidoping’, como ellos le llaman. Ahí los pudimos observar ensayando en un pequeño cuarto, un espacio de unos seis metros cuadrados. Ahí están instalados sus instrumentos y en una repisa se pueden observar los estuches de éstos, uno sobre otro, en la cima de éstos se alcanzan a ver unos cuadros envueltos en cartón con la leyenda: “reconocimientos”. También tienen un librero donde se aprecian algunas revistas, hojas sueltas y libros.

Ellos tocan. Lo repiten. No les gusta lo que escuchan y lo repiten una vez más. Comentan lo que sí les agrada: “suena mejor el espacio, ¿viste?… que está dejando ‘el píter’. ¿Escuchaste? Cuando yo entro a cantar. Suena mejor así”. “A ver, vamos a tocar el otro”… y comienza la música.

“Tú me has hecho muy feliz, estoy tan contento que llegaste a mi vivir”, canta Jacobo. Mueve los pies, las manos. Cierra los ojos. Sonríe. Provoca. Las vibraciones vienen de los instrumentos y también de lo que transmiten estos nueve hombres que siguen intentando que les salga lo mejor posible. No se ponen de acuerdo sobre si el arreglo ha quedado o no.

Otra vez a intentarlo. El sax es el sonido que no termina de convencerlos, según se les escucha decir. A tocar otra vez. Entonces Jacobo canta, detiene el micrófono con la mano derecha y mueve el dedo índice mientras la otra mano permanece sobre el oído izquierdo. Se le mira disfrutar de la misma manera que en aquel bar cuando festejaba su cumpleaños y se hacía la presentación del video de Chacha man. Aquí el ambiente es amenizado con los ritmos que son de ellos, de Antidoping y es perfumado por ese olor característico de la ‘yerba’ al ser quemada.

Hay una pausa en el ensayo y entonces nos platican sobre su proceso creativo, de cómo en sus inicios buscaban, primero, un fundamento musical: un sonido propio. “Por eso también nos tardamos tantos años en sacar un primer disco, porque no fue fácil”. De esa primera producción, lanzada en 1996, que fue el resultado de todos los experimentos. “Eran piezas sueltas que tocábamos en la plaza (de Coyoacán), piezas sueltas que fuimos inventando… sin pensar que fueran a formar un disco”.

Por las filas de Antidoping han pasado más de 25 músicos, y aunque Adalid comenta que si él no estuviera: “nadie se va a dar cuenta”, sus compañeros le replican que no es así. Entonces mencionan lo importante que ha sido cada persona que ha pertenecido a la banda, pues algo van dejando. Jacobo le dice que finalmente quienes están ahora “ya forman otro sonido”.

De la música que escuchan, además de reggae, Diego responde: jazz, salsa y hip hop. ¿Bailar? Todos dicen: “sí, de todo”. Manuel agrega: también rancheras. Se ríen y entonces nos hacen dudar un poco. Jacobo afirma: “aunque sea los ojos, pero bailamos”.

Jacobo Govea, vocalista de Antidoping

 

Les preguntamos sobre las canciones que los transportan a su infancia y Manuel no duda en contarnos que las de Cri Cri, todas: “el álbum de 9 discos”, el cual, por supuesto, escuchaba junto a su hermano Pedro. Entonces Jacobo nos habla de El Moco y comienza a cantar: “los niños que comen moco son pocos, son pocos”. Por el Tío Gamboín,  Daniel, el saxofonista, recuerda esa de Stevie Wonder: I just called to say i love you”… Los Qué Payasos, responde Diego y sus compañeros dudan: “nooo, no es de tu generación, no mames, Diagui”. Entonces nos vemos interrumpidos por una conversación que no debía ocurrir frente a nosotros y las carcajadas fluyen en todos. Pedro vuelve al tema y nos comenta que la de “Agujetas de color de rosa” él la escuchó en su infancia, cuando tenía como 6 años de edad.

Las risas continúan y es mejor pasar a otra pregunta. Jacobo quien es uno de los que aportan las letras, nos explica de su proceso creativo, que al final es en conjunto. Para él, escribir una canción es también un aprendizaje, “incluso de aprender a escribir. De ensayo y error. De vivencias… La cuestión es cómo lo vas a escribir, cómo lo expresas”. Es un viaje “y no nada más con mota… con pura respiración se puede viajar”. Luego viene la parte de musicalizar, lo cual hacen en grupo, “al final de cuentas cada uno aporta su parte, cada quien le pone su instrumento y le aporta algo a la rola”.

Musicalmente tienen mucho por ofrecer, nos dicen. “Antidoping está pasando por un buen momento en donde se han conjuntado elementos con mucha creatividad, con mucho talento, como para poder dar lo mejor todavía”, confía Manuel.

Legalizar la mariguana

Adalid Andaluz y Jacobo Govea, bajista y vocalista de Antidoping, respectivamente

 

Miras ese cuadro que te acompaña en esta plática con Antidoping, es de Bob Marley, el ícono del reggae. Entonces conversan sobre la situación social y política de México. Ahí te explican que ellos por lo menos no se van con la finta, “no creemos lo que dice la televisión y los medios”. Que aquí “la verdad es que puede pasar cualquier cosa y no pasa nada”.

Te hablan de cómo, a pesar de todo lo que ocurre: venta de órganos, pérdidas de niños, mujeres violadas y asesinadas; y muchos otros problemas que se podrían mencionar, a pesar de todo eso “no podemos articularnos como sociedad para contrarrestarlo”, te dice Pedro, “el pan y circo tiene doblegada a la gente”.

 

no creemos lo que dice la televisión y los medios

 

“Porque todos decimos: estamos de la verga, pero nadie hacemos nada”, señala Jacobo y entiendes que lo importante para ellos es aportar desde la música. “Donde por lo menos disparemos de otra forma”. Saber hacia dónde va su música, “porque al final de cuentas eso es lo que se va a quedar. El dinero y todo eso se va a la mierda. Pero lo que estamos diciendo, lo que estamos tirando, eso es lo importante. Porque nos podemos seguir quejando, ¿no? Hablar de muchas cosas, pero para mí con el Antidoping es importante saber qué es lo que vamos a decir. Saber qué es lo que estamos evidenciando para poder aportar algo”.

Lanzas: ¿ven más cercano que se pueda dar la legalización de la mariguana? Ángel es el primero en responder: “tarde o temprano, ¿no? Ya hay mucha presión. Incluso ya se están rompiendo los tabúes”. Aunque Adalid piensa que los gabachos mandan, pues “siempre hemos hecho lo que ellos dicen… Entonces ya viene para acá”. Diego, el percusionista, también lo ve más cerca y, considera, “ya la gente sabe que es hasta medicinal”.

Aunque también depende mucho de “cómo lo viene asimilando la sociedad”, abunda Pedro para señalar la importancia de la información transmitida. “El calificativo que se le ha dado a quien fuma mariguana… A los mariguanos siempre los han tachado de que: no te juntes con los mariguanos. Lo ven como algo malo”.

 

porque al final de cuentas eso es lo que se va a quedar. El dinero y todo eso se va a la mierda. Pero lo que estamos diciendo, lo que estamos tirando, eso es lo importante

 

Intervienes y entonces Javi, el trompetista, señala las bondades de la mariguana, una droga que se puede cultivar en casa y les permite, a los consumidores, mantenerse fuera de una red económica y de tráfico. “La mariguana te da esa opción. Para los que fumamos”, dice.

No te es difícil comprender que están de acuerdo con su legalización, que consideran ésta como algo bueno y algo que sería beneficioso para todos, por una parte para acabar con su tráfico ilegal y luego para aliviar los padecimiento de distintas enfermedades. Eso sí, una legalización acompañada con las prohibiciones normales de cualquier otra droga, con información y normas.

Se acaba la plática. Vuelves a observar las artesanías que adornan los muebles de esta sala donde te encuentras con Antidoping. Miras la guitarra colgada en la pared. Sigue sobre la mesa la lata de Tecate. Sales de la casa y sabes, tal como te dijeron: si algún día Antidoping deja de tocar, siempre estará su legado musical.

 

Ve más:

Comparte

Artículos Relacionados

POSTS

Síguenos